Basta con acudir a cualquier salón del automóvil en China para olvidarse de la crisis y contagiarse  de una euforia incontenible. Los participantes, independientemente de su procedencia, tiran la  casa por la ventana —los diez principales fabricantes del mundo han anunciado una inversión  combinada en China de casi 30.000 millones de euros en los últimos dos años— y no pierden una  sonrisa de oreja a oreja. Y eso que, el pasado mes de octubre, la tensión política entre Japón y  China, que se disputan la soberanía de unos islotes, provocó un inesperado descenso en las ventas  (-0,3%). Un pequeño bache sin importancia, coinciden los productores no japoneses.  Los datos, sin duda, invitan al optimismo: a pesar de la crisis global, que ha restado varios puntos  al crecimiento económico chino, el mercado automovilístico del Gran Dragón continúa al rojo  vivo. Solo hace tres años que superó a Estados Unidos para alcanzar el liderato mundial, y en  2015 se venderán en China más vehículos que la suma de los que se adquieran en la  superpotencia americana, Japón y Alemania. Pero no hay que esperar para quedar anonadado,  porque, a falta de confirmación oficial, en 2012 podrían haberse colocado casi 20 millones de  unidades.  Es la cara de una moneda que tiene su cruz en Europa. Por eso, este año, y por primera vez en la  historia, el gigante asiático fabricará más vehículos que el viejo continente. Con Turquía y Rusia  incluidas. Si se cumplen las previsiones de cinco consultoras a las que el diario Financial Times   ha encargado un informe, en 2013 China fabricará 19,6 millones de vehículos ligeros -coches,  camionetas, y pequeños camiones-, 1,3 millones más que una Europa cuya producción ha perdido  un 15% de cuota de mercado mundial desde 2001.  La caída es todavía mayor si se tiene en cuenta que en 1970 casi uno de cada dos vehículos  nuevos en el planeta eran europeos. En China, sin embargo, la producción de este año será diez  veces la de 2000, y supondrá un 23,8% del total mundial. Casi uno de cada cuatro vehículos  nuevos serán chinos.  “El mundo ha cambiado. La tecnología ahora es global, y la gestión empresarial cada vez es más  similar. Eso hace que los productos que fabricamos en China sean de calidad parecida a los de  cualquier otra parte del mundo. Teniendo en cuenta que ahora el mercado más importante está  aquí, es lógico que la fabricación se haga, mayoritariamente, en China”, asegura a EL PAÍS  Roger Wang, director del Departamento de Comercio Internacional de Great Wall, que,  curiosamente, es la primera marca china que ha establecido una base productiva en Europa,  concretamente en Bulgaria.  “Salvo en el caso de los automóviles de lujo, no resulta competitivo fabricar a 10.000 kilómetros  de distancia de donde está el cliente final. Así que pronto veremos más marcas chinas abriendo  fábricas por todo el mundo”, avanza Wang. De momento, los países emergentes son su objetivo,  pero la recesión en Europa y el cambio de mentalidad en el consumidor occidental también  suponen una oportunidad interesante para las empresas chinas.  No obstante, quienes se disputan el liderato en la propia China no son chinos: Volkswagen y  General Motors pujan por el cliente chino, que, a pesar el auge de las marcas locales, prefiere  logotipos internacionales. “Aunque es verdad que han mejorado mucho sus productos, quien  puede compra un coche de marca extranjera”, comenta Hu Zaixian, propietario de un Nissan de  hace tres años. “Me gustan los Buick, pero seguramente este año compraré un Ford”.  Eso sí, nunca más un automóvil japonés. “No es por la calidad, sino porque temo que me lo  destrocen si se repiten de nuevo las manifestaciones”. Tantos piensan como él que las marcas  niponas se desplomaron entre septiembre y noviembre una media del 40%. “Demuestra que hay  que tener cuidado a la hora de jugar con China”, asegura Hu sin poder contener su orgullo.  También demuestra el peso que puede tener su Gobierno en el ámbito económico, claro.  La producción de vehículos en China